miércoles, 2 de marzo de 2011

HISTORIA DE LA AEROGRAFÍA


HISTORIA DE LA AEROGRAFÍA
Compilado por José Luis Parada Caballero
Fundador-Director
Docente
Action Art Europe
Escuela de Aerografía Profesional


1970
Primera Parte
1969-1974

Cuestión de Dinero


Entre el período histórico comprendido entre 1969 y 1974, justo después de que el hombre pisara la luna, hubo una gran necesidad mediática de adivinar cómo sería el futuro. Por un lado, el despertar de la tecnología espacial pudo desviar las miradas hacia los cielos y sus fronteras, mientras los revolucionarios hippies ahogaban sus pacificadoras flores de paz en agua y jabón, para experimentar cosas más fuertes. Por otro lado, el mundo occidental enfrentaba su  primera crisis energética, a razón de la subida en los precios del petróleo, que alzó los costos de los combustibles a niveles nunca vistos, hoy nos reímos de aquellos precios y nos deprimimos de los que tenemos que pagar ahora. Contradictorio a lo que se deseaba hacer por alcanzar las estrellas, los recursos para pagar la energía para encender las naves era, en ese momento otra cosa muy distinta. Sin embargo para los medios virtuales como el cine o la televisión, salir del planeta o ser visitado por verdosos invasores, era gratis y toda una novedad. Pensar que el futuro era tan alcanzable con solo pulsar un botón, hizo pensar a más de una casa editorial, si vender fantasía daría muchas ganancias. Los que apostaron por ello, sacaron muchos dividendos, y adivinen:
¿Cuál sería esa innovación?



El auge de la moda espacial inundó todas las formas expresivas del arte, siendo la música, el cine, el diseño las que más destacaron por sus formas nuevas y sus nuevos efectos futuristas. Pero una que logró  hacerse notar y vender millones, lo fue sin duda: La ilustración editorial.
La grandes editoriales vieron en ese momento una gran oportunidad de reinventar todas las novelas fantásticas: clásicos de la ciencia ficción, fantasía y horror, cuentos y novelas mitológicas, literatura medieval, épica, calabozos y dragones, cuentos infantiles y todo aquello, conocido o nuevo que vendiera la idea de que el mundo fantástico o el  espacio sideral y sus criaturas vivían en el barrio de al lado.





Los editores decidieron prescindir de los sistemas tradicionales de ilustración, buscando nuevas alternativas inexploradas, efectistas, creativas. Cuyas imágenes mostraran impresionantes parajes fantásticos, seres alienígenos, criaturas monstruosas, seres intergalácticos que tan sólo con su diseño y presencia, pudieran vender el libro tan solo por su portada. Si aquellas ilustraciones fantásticas atrapaban a los lectores con una sola mirada, no mejor sería ver las demás ilustraciones mientras se leía el libro.
Tal fue la magnitud de aquel fenómeno, que las editoriales optaron por editar solo las ilustraciones de aquellos artistas por separado, no solo en libros, sino en carteles, afiches, cromos, calendarios.






El boom de la ilustración fantástica comenzó a resaltar a los artistas, quienes se hicieron un nombre, miles querían comprar sus ilustraciones, sólo por ser quienes eran. La fama de los ilustradores fantásticos marcó un antes y un después dentro del mundo editorial.  Ser un ilustrador editorial ser convirtió en una codiciada meta para muchos, en esa época, dichas ilustraciones se hacían totalmente a mano, y con el tradicional proceso de boceto a grafito, modelos fotografiados, dibujo preliminar y arte final. Un original podría llegar a valer hasta 5000 U$ sólo por estar firmado por el artista, los artistas tenían status social y cobraban royalties y derechos por venderse copias de sus trabajos. Paradójicamente, aparecieron galerías de arte y coleccionistas de estos originales, como si de obras de Dalí o Picasso se tratase.






Básicamente, las técnicas de ilustración conocidas seguían siendo utilizadas, pero lógicamente, los efectos atmosféricos del aerógrafo parecían por fin destacarse sobre los pulidos pinceles.
Hoy en día nos daría gracia ver algunos de estos trabajos, por su simplicidad, pero fueron los primeros ilustradores fantásticos quienes se armaron con un aerógrafo y dieron el paso, innovando y siendo pioneros en un mundo que por fin retribuyó un poco su esfuerzo y “relaciones corporativas”.
Sin embargo, durante la primera mitad de los años 70´s,  la aerografía tenían un problema que la puso en desventaja con sus competidoras, muchos ilustradores no eran aerografistas, ni tenían escuela,  aprendieron a valérselas solos, porque la aerografía era huérfana, su éxito fue efímero. Por encima de sus fantásticos efectos, sólo los ilustradores profesionales con años de experiencia y sabios secretos del oficio, usaron el aerógrafo con temerosa y tímida maestría.





Sin embargo, mientras los famosos ilustradores caminaban por la alfombra roja, el aerógrafo encontró una gallina de los huevos de oro, otra alternativa desconocida, la cual buscando acelerar el tiempo de acabado de los encargos, también supo sacarle provecho al curioso atomizador de aire. Corrían los meses finales de 1974 y otro vuelco estaba a punto de sucederse.






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